Dobles; sueños.

No sabes su significado y así te arriesgas a convertirlo en uno de tus temas de conversación; con frecuencia te repudia el sentimiento que te causa el sudor ahogado por los gritos o la sonrisa traviesa de provocación. Tu problema es que no lo crees y en realidad esa es mi fortaleza. Es por eso que aún en alguien como tú puede existir un ser desquiciado y atractivamente bizarro como yo, alguien que asalte tu mente en los descuidos, inundándote de imágenes atrevidas, terriblemente adictivas, permisibles, testarudas, derritiendo así los sellos de tu castidad disimulada en la impaciencia, ideas que te mantienen atado a tus quehaceres, a tus rutas y a tus venas.

Es lo que los otros han conformado en ti y lo que has construido de tí mismo; tu imagen separada de mí, el rastro despintado que me niega y me refunde en la oscuridad. Lástima que tu oscuridad se convierta en negligencia, tus noches sean mi libertad y tu terquedad sea mi lucidez.

Sé que no quieres pensar más en eso, pero estas a punto de darme todo lo que eres; tal vez sea solo el cansancio de tu día, la última discusión con Mariana o esa botella que ya llevas por la mitad; de cualquier forma este es mi tiempo, es mi ahora y solo te queda esperar a que no me adueñe de ti por completo, confiar que solo juegue por algunas horas con tu razón y puedas perderme al abrir tus ojos, esperar que no te asesine mientras duermes; a que te siga necesitando como ahora, al menos, por un tiempo más.

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