Borges

Tratar de dividir un todo en clasificaciones es anular el todo en sí, un entero se cancela si hay jerarquías y porcentajes. El problema de la dualidad de la consciencia es ese dogma que no podemos hacer cuadrar en nuestra cabeza, y que no podemos olvidar: el no tener agua no te quita la sed. No porque busquemos significados y tengamos una curiosidad insaciable quiere decir que vamos en el camino correcto o que vamos a encontrarle el sentido a las cosas. Al mismo tiempo, esto no quiere decir que vamos a olvidarnos del asunto. Sin embargo, no podemos analizar un todo si lo desconocemos, tan solo podemos proponer, replantear y disfrazarlo de descubrimiento. El hombre siempre quiere tener que ver con todo, y es la maldición consciente, el saber que habitamos un mundo simple y autopropulsado, que es un instrumento en una orquesta perfectamente dirigida, en el que somos completamente innecesarios, y queremos reescribir la obra maestra. Creemos tener el derecho de gobernarnos, dirigirnos y para eso es necesario dictaminar qué es qué y cómo suena, cómo se escribe y a qué realidad se le va a adjudicar como una sombra, o un párasito. Es la imposibilidad del hombre de deslindarse de la posesión que el significado ejerce sobre el, y de liberarse del su impresión sobre lo que es el sentido. Es la eterna contradicción, porque esta misma maldición me permite argumentar en su contra.

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